Conceptualización del poder en las organizaciones
Más allá de las dinámicas internas de las organizaciones, la preservación del valor de los empleos de nivel inicial está condicionada por una pluralidad de formas de poder que interactúan entre sí. El poder institucional, ejercido por gobiernos y sindicatos, se expresa a través de políticas de empleo, salarios mínimos y programas de inserción juvenil. El poder económico, por su parte, proviene de las empresas, que deciden mantener o automatizar estos puestos en función de criterios de eficiencia y rentabilidad. A ello se suma el poder simbólico, visible en la percepción social de estos empleos, a menudo considerados transitorios o poco cualificados, lo que limita su reconocimiento y valorización. Finalmente, el poder tecnológico redefine las tareas consideradas necesarias y los perfiles habilitados para realizarlas, afectando directamente la estabilidad y el futuro de estos roles (CEPAL, 2025; Axial ERP, 2025).
En este contexto, la irrupción de la IA introduce transformaciones profundas que reconfiguran de manera directa los empleos de nivel inicial. Al automatizar tareas rutinarias, administrativas y operativas, la IA altera la estructura misma de estos puestos y modifica el equilibrio entre las distintas formas de poder. Su avance impacta el poder institucional, al exigir nuevas políticas de formación y protección dirigidas a los jóvenes trabajadores. Asimismo, redefine el poder simbólico, ya que la automatización de funciones tradicionalmente consideradas formativas debilita su valor como etapas de aprendizaje. Según Infobae (2025), la IA podría provocar la desaparición de cerca del 50 % de los empleos de oficina de nivel inicial en los próximos cinco años, lo que obliga a repensar las trayectorias profesionales. No obstante, si se implementa desde una perspectiva inclusiva, la IA también puede abrir el acceso a nuevas competencias y a roles emergentes, ampliando las oportunidades de desarrollo (OIT, 2025; Forbes Argentina, 2025).
Dentro de las empresas, estas transformaciones se entrelazan con formas de poder que se expresan tanto en las interacciones cotidianas como en la estructura formal. Entre colegas, el poder se ejerce mediante alianzas, prestigio o control de la información, generando dinámicas informales que pueden favorecer la cooperación o, por el contrario, producir exclusión (Edelman et al., 2024). En la jerarquía, la autoridad legítima otorga capacidad de decisión, pero también genera relaciones de dependencia y resistencia que pueden frenar la innovación (Kang, 2022).
A su vez, el departamento de recursos humanos ejerce un poder normativo a través de políticas y procedimientos, actuando como mediador, aunque frecuentemente privilegiando los intereses institucionales sobre los individuales (Mariño-Arévalo, 2014). Estas interacciones cruzadas muestran que el poder no reside únicamente en la estructura formal, sino también en redes informales y formas de legitimidad percibida, generando zonas difusas de responsabilidad y subjetividades profesionales que influyen en la estabilidad organizacional (Álvarez Sánchez, 2011; Porras Velásquez, 2018).
Desde esta perspectiva, resulta pertinente movilizar las grandes corrientes teóricas para profundizar en la comprensión de estas dinámicas. En sociología, Michel Foucault sostiene que el poder es difuso y se manifiesta en las relaciones sociales, y no únicamente en las estructuras jerárquicas. En contraste, Max Weber clasifica el poder según su legitimidad, distinguiendo tres tipos: el poder tradicional, el poder carismático y el poder legal-racional. Por su parte, Pierre Bourdieu introduce las nociones de capital simbólico, cultural y social como fuentes de poder, ampliando así la comprensión de las dinámicas sociales más allá de las dimensiones económicas e institucionales (Álvarez Sánchez, 2010).
Tipos de poder en las organizaciones
Comprender estas transformaciones requiere no solo analizar cómo la IA reconfigura las relaciones laborales, sino también identificar las formas específicas que adopta el poder dentro de las organizaciones. En este sentido, la literatura clásica en comportamiento organizacional distingue varios tipos de poder que permiten explicar cómo se ejerce la influencia en los entornos laborales y cómo se distribuyen los recursos, las decisiones y las oportunidades.
A partir de esta perspectiva, en el ámbito organizacional el poder no se manifiesta de una única manera, sino que adopta diversas formas según su origen, su legitimidad y los mecanismos mediante los cuales influye en el comportamiento de los individuos. Entre los principales tipos de poder identificados en la literatura se encuentran:
- El poder legítimo, derivado de la posición formal que ocupa una persona dentro de la estructura jerárquica y respaldado por la autoridad institucional (como un director),
- El poder coercitivo, basado en la capacidad de imponer sanciones o consecuencias negativas, generando obediencia mediante la presión o el temor,
- El poder de recompensa, sustentado en la posibilidad de ofrecer incentivos, beneficios o reconocimientos que motivan el logro de objetivos,
- El poder de experiencia y de pericia, que proviene de los conocimientos técnicos, las competencias especializadas y la trayectoria profesional, otorgando influencia independientemente del nivel jerárquico,
- El poder referente, asociado al carisma, la admiración y el respeto que inspira una persona, permitiéndole influir a través de sus cualidades personales y su capacidad para generar vínculos de confianza.
Dinámicas de poder en los entornos organizacionales
El poder no se limita a las estructuras jerárquicas formales, sino que se manifiesta en una gran variedad de dinámicas que atraviesan los distintos niveles de interacción. Estas dinámicas adoptan la forma de tensiones, paradojas y conflictos, y se expresan a través de fenómenos relacionados con el estatus, la presión normativa, la desviación, así como con las diferencias generacionales y de género (Simeonova, Galliers & Karanasios, 2018).
A partir de esta perspectiva, los autores señalan que el poder organizacional se despliega en múltiples ámbitos que van más allá de la jerarquía. Se hace visible en los procesos de cambio organizacional, en la formulación de estrategias, en la gestión del conocimiento, en la coordinación y el aprendizaje colectivo, en el trabajo intra e interorganizacional, en la estructura formal y las normas internas, en las redes sociales, en el liderazgo, en las relaciones interpersonales, en el uso e implementación de tecnologías y en la autonomía de los roles.
La inteligencia artificial: ¿nuevo recurso o amenaza para los poderes establecidos?
La introducción de la IA en los entornos laborales invita a cuestionar cómo transforma las formas de poder tradicionalmente establecidas. Para comprender esta reconfiguración, resulta útil movilizar distintos marcos teóricos que permiten analizar la legitimidad, la dominación y la distribución de recursos en las organizaciones.
Preguntémonos sobre el impacto de la introducción de la IA en las diferentes formas de poder. Según Max Weber, existen tres tipos de legitimidad que estructuran el poder: tradicional, carismática y legal-racional. En la empresa, el poder tradicional, basado en la costumbre y la continuidad, se ve debilitado por la IA, la cual introduce una dinámica de racionalización e innovación que rompe con las prácticas heredadas.
Por su parte, el poder carismático se revela profundamente ambivalente, ya que la IA puede amplificar el aura de un líder al permitirle construir una hiperpersonalidad, pero también puede erosionarlo al desplazar la atención hacia la fuerza de los algoritmos. Incluso podría emerger una forma de carisma tecnológico, ya no encarnado por el individuo, sino por la propia máquina.
Sin embargo, el poder legal-racional encuentra en la IA un terreno privilegiado, ya que al automatizar los procesos y acelerar la toma de decisiones, llevan la racionalización a su extremo, con el riesgo de instaurar una burocracia algorítmica aún más impersonal que la descrita por Weber. En este escenario, la legitimidad podría desplazarse progresivamente desde las instituciones humanas hacia los sistemas técnicos.
En síntesis, la IA trastoca las tres formas de legitimidad del poder identificadas por Weber: debilita la tradición, redefine el carisma y refuerza la racionalización burocrática. Abre la vía a una nueva configuración en la que la máquina podría convertirse en fuente de legitimidad. Para las empresas, el desafío será preservar el equilibrio entre la eficacia algorítmica y la responsabilidad humana.
Si ampliamos la mirada hacia el pensamiento de Pierre Bourdieu, el poder se entiende como un conjunto de relaciones de dominación inscritas en las estructuras sociales, donde los individuos disponen de diferentes capitales como lo son el económico, cultural, social y simbólico que determinan su posición e influencia. Desde esta perspectiva, la IA tiende a reforzar el capital económico al generar nuevas fuentes de beneficio (datos, algoritmos, automatización), consolidando la dominación de los actores ya poderosos y marginando a quienes no acceden a estos recursos.
Su impacto en el capital cultural también es significativo, aunque democratiza ciertos saberes, amplía las brechas entre quienes dominan estas herramientas y quienes quedan excluidos. Las competencias digitales se convierten así en una nueva forma de capital cultural, valorada en el mercado laboral y con reconocimiento social.
El capital social también se transforma ya que a través de las redes sociales la IA facilita la creación de comunidades virtuales, pero hace que los vínculos dependan más de las lógicas algorítmicas. El poder se concentra entonces en quienes saben optimizar su visibilidad mediante herramientas digitales, mientras que los demás corren el riesgo de quedar aislados. El capital social, mediado por algoritmos, se transforma en función de la visibilidad digital, mientras que el capital simbólico se desplaza hacia sistemas de clasificación y recomendación que otorgan prestigio y legitimidad desde lógicas técnicas opacas. En conjunto, la IA reconfigura los capitales descritos por Bourdieu, amplificando desigualdades y generando nuevas formas de dominación vinculadas al dominio tecnológico.
Tras esta aproximación sociológica, resulta pertinente volver al terreno organizacional para analizar cómo la IA afecta las formas de poder clásicamente identificadas en la literatura del comportamiento organizacional:
- El poder legítimo, coercitivo, de recompensa, de experiencia y referente,
- Poder legítimo: La IA puede reforzar la autoridad institucional al hacer las decisiones más racionales y creíbles. Sin embargo, este poder puede debilitarse si los empleados perciben al algoritmo como la verdadera autoridad, en detrimento del superior jerárquico,
- Poder coercitivo: La IA facilita el control mediante la vigilancia de los desempeños y comportamientos, reforzando la capacidad de sancionar. Pero esta vigilancia permanente puede generar estrés y sensación de deshumanización en los empleados,
- Poder de recompensa: La IA permite personalizar los incentivos en función de los datos de rendimiento, haciendo las recompensas más objetivas, pero potencialmente menos humanas y simbólicas,
- Poder de experiencia: La IA reduce la dependencia de ciertos expertos al automatizar tareas complejas, al tiempo que valoriza a quienes dominan las herramientas digitales. El poder de experiencia se desplaza entonces hacia la capacidad de utilizar eficazmente la IA,
- Poder referente: La IA puede amplificar el carisma del líder, pero también competir con él: la admiración y el respeto pueden trasladarse hacia quienes dominan la IA, e incluso hacia la propia máquina, con el riesgo de reducir la calidez humana en las relaciones laborales.
En definitiva, el auge de la IA trastoca profundamente las relaciones de poder dentro de las organizaciones. Promete mayor eficacia y objetividad, pero también plantea riesgos importantes de deshumanización y pérdida de legitimidad humana. El verdadero desafío será mantener un equilibrio entre la autoridad tecnológica y la dimensión relacional, indispensable para el trabajo colectivo. Más ampliamente, la IA redefine las formas de legitimidad y acentúa la dominación de quienes dominan sus códigos. Ante estas mutaciones, resulta crucial interrogar los nuevos poderes emergentes, en particular los de la manipulación algorítmica, donde los algoritmos orientan ahora comportamientos y decisiones.
Poderes emergentes en la manipulación algorítmica (MA)
El análisis de la manipulación algorítmica revela la aparición de nuevas formas de poder que reconfiguran las relaciones sociales y profesionales. Ya no es la introducción de la IA en sí misma la que transforma las dinámicas organizacionales, sino la capacidad de los algoritmos para intervenir de manera discreta, continua y altamente eficaz en los procesos de decisión. A medida que estos sistemas se integran en la vida cotidiana de las organizaciones, emergen cuatro dimensiones de poder que redibujan los equilibrios tradicionales (Zuboff, 2019; Susskind, 2020):
- El poder técnico, ejercido por quienes diseñan y ajustan los algoritmos, determinando qué datos se procesan y cómo se interpretan,
- El poder estructural, cuando los algoritmos establecen reglas invisibles que afectan las decisiones cotidianas por ejemplo la asignación de tareas),
- El poder simbólico, que confiere legitimidad a los algoritmos al presentarlos como objetivos y neutrales, aunque reproduzcan sesgos humanos,
- El poder político, que influye en procesos colectivos como las elecciones o las políticas públicas (Zuboff, 2019; Susskind, 2020).
Estas dimensiones no actúan de manera aislada, sino que se entrelazan en un ecosistema de poder profundamente transformado por la lógica algorítmica.
Poder técnico: la autoridad de quienes controlan el código
El poder técnico se manifiesta en los data scientists, ingenieros de IA y arquitectos de sistemas que deciden qué datos se seleccionan, cómo se interpretan y bajo qué modelos se procesan. Su dominio de las lógicas computacionales les otorga una autoridad estratégica, aunque a menudo invisible en la jerarquía formal. Los gerentes operativos, responsables de RR. HH. y empleados dependen de mecanismos que no comprenden plenamente, lo que genera una asimetría cognitiva y decisional. La autoridad técnica tiende así a sustituir la autoridad jerárquica, desplazando los centros de poder hacia quienes controlan el diseño del algoritmo.
Poder estructural: reglas invisibles que moldean la acción
El poder estructural migra hacia los jefes de proyecto de IA, las direcciones de negocio y los responsables de transformación digital. Al integrar algoritmos en procesos cotidianos como en la asignación de tareas, gestión de horarios y priorización de expedientes estos actores instauran reglas implícitas, raramente debatidas, pero profundamente normativas. Para los equipos de campo, esta automatización reduce la autonomía y estandariza las prácticas. Las lógicas algorítmicas imponen ritmos, umbrales y estándares sin necesidad de una autoridad humana explícita, configurando una arquitectura invisible que orienta los comportamientos.
Poder simbólico: la creencia en la neutralidad de la máquina
El poder simbólico se expresa a través de la legitimidad conferida a los algoritmos. La dirección general y los responsables de innovación presentan la IA como objetiva, neutral y racional, lo que permite justificar decisiones estratégicas y neutralizar oposiciones. Los sindicatos, representantes del personal y empleados encuentran dificultades para cuestionar decisiones que, aunque derivadas de modelos sesgados, se perciben como incuestionables. La aparente objetividad del algoritmo oculta arbitrajes políticos y económicos bajo una capa de racionalidad técnica. El poder simbólico descansa así en una creencia ampliamente compartida: la máquina dice la verdad.
Poder político: gobernanza basada en datos
En un contexto de incertidumbre estratégica, el poder político se desplaza hacia los comités ejecutivos, direcciones estratégicas y accionistas que utilizan algoritmos para pilotar reestructuraciones, orientar inversiones o modelar rendimientos. La IA se convierte en un instrumento de gobierno capaz de simular escenarios y racionalizar decisiones. Este desplazamiento hacia los datos debilita los contrapoderes internos: la gestión intermedia, los colectivos de trabajo y los socios sociales ven reducida su capacidad de influencia. La manipulación algorítmica se impone, así como una forma de centralización discreta pero altamente eficaz, que redefine las modalidades de la acción colectiva.
Estas formas de poder, aunque abstractas en su formulación, adquieren una consistencia tangible cuando se observan en dispositivos concretos. El reclutamiento algorítmico constituye un ejemplo paradigmático: cristaliza simultáneamente el poder técnico (selección de variables), el poder estructural (criterios de filtrado), el poder simbólico (legitimidad del algoritmo) y el poder político (decisiones estratégicas sobre perfiles). A través de este caso, se evidencian los efectos diferenciados de la manipulación algorítmica sobre los distintos actores de la empresa.

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